
Historia y origen:
No se cuenta con un registro exacto de su aparición. Sus primeros indicios apuntan a Inglaterra cuando las peleas de perros contra toros u osos estaban en su pleno apogeo. Es prefeccionada en Estados Unidos, en el año 1936 se la reconoce como raza independiente con el nombre de "Staffordshire Terrier", y en el año 1972 se le agrega el adjetivo "American".
Características:
Debe dar la impresión de gran fuerza debido a su tamaño y musculatura desarrollada, la cabeza debe ser ancha en la frente con una configuración de "cuchara" y una mordida de "tijera". Las patas deben ser separadas y nunca juntarse cuando el animal camina, pero siempre en relación a la anchura de los hombros. El pecho ancho para dar posibilidad al desarrollo pectoral del animal. La cola debe ser corta. Se aceptan todos los colores, combiandos, atigrados...
-Respecto a su cara:
Los ojos deben ser oscuros, redondos separados y bien descendidos en la base de la frente, el borde de los párpados así como de los labios debe ser negro, siendo la despigmentación considerada una falta dentro del estándar racial. Los ojos claros y la nariz de pigmentación inconclusa son también consideradas faltas. Las orejas deben estar levantadas y en forma de pétalo, pudiendo estar cortadas o no, pero son preferibles las orejas sin cortar.
-Respecto al tamaño:
La altura desde el suelo hasta la cruz (entre el omoplato y la columna vertebral) debe ser de entre 46-48 cm. en machos, y en hembras entre 43-46 cm., con un peso de entre 25-35 kg. y 20-30 respectivamente.
Temperamento:
Por su fuerza y valentía esta raza ha sido usada como perro de pelea, aunque posee muchas cualidades que lo hacen apto para diversos trabajos. Estos perros son valientes, tenaces, amigables, extremadamente atentos y dedicados.
Criados para ser amables con los humanos, los American Staffordshire Terriers son perros guardianes por naturaleza. Un comportamiento protector o agresivo, acompañado de intrepidez, son por lo general una mala señal. Este perro es protector con su familia y casa. Sabe diferenciar el momento de proteger y el de relajarse. Son buenos con los niños y con sus propietarios y suelen llevarse bien con otros perros, gatos e incluso cualquier otro animal si se le amaestra durante los años de cachorro.
Aprenden con rapidez observando nuestro comportamiento. Es por ello que hay que tener especial cuidado durante su domesticación y aprendizaje, ya que son muy sensibles y es relativamente fácil que adquieran malos hábitos.
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